Emigrar a Colombia

Mapa-mudo-de-Colombia

“¿Oye, tú no tenías en amigo que se había ido a Chile?”, me preguntaban desde hace unos meses. La misma pregunta, frases parecidas, sencillamente cambiaba el lugar de destino. No importaba si era Berlín, Dubai, Buenos Aires… simplemente otro conocido más que tenía que coger sus maletas y salir de España y quería que le pusieras en contacto con una cara amiga que le ayudara a instalarse y le aconsejase.

Yo, como tantos otros, disfrutaba mientras tanto de un contrato (beca, por supuesto) a punto de acabar y estaba buscando trabajo. No dudo que hay mucha gente mejor preparada que yo repartida por España, pero entristece buscar trabajo en restaurantes de comida rápida, como teleoperadora, o volver a casa después de lo que me había costado sacar la carrera de arquitectura, 3 idiomas, una especialización, y no sé cuántos cursos, todo por estar “demasiado preparada” para unos trabajos y no tener “suficiente experiencia” para otros. Esto que yo comento, no le resultará nuevo a nadie, hay tantos en esa situación que hemos oído la misma historia una y otra vez.

Y de repente tu turno llega; un puesto para él en el extranjero, una posibilidad para ti de poder ejercer en un trabajo que tenga que ver con tu carrera, y como única alternativa, quedarse en España como tantos compañeros esperando sencillamente a que el temporal acabe. Pero eso no va contigo, puede que sea porque no tienes paciencia, o porque piensas positivamente que puedes encontrar algo mejor.

Mientras daba la noticia en casa veía esa mezcla de alegría de que al fin me surgía una oportunidad, con la pena de que me fuera a miles de Kilómetros de distancia, esa misma que yo experimentaba. Mi padre, que llevaba meses sugiriéndome destinos dónde marcharnos ya no estaba tan hablador, mi madre sonreía, cómo sonríen las madres que saben apoyarte, pero haciendo cada tres o cuatro días esa pregunta que tanto os agobia a ambas: “pero volveréis ¿no?”. También están las abuelas, esos seres capaces de hacer un record de besos sonoros por segundo mientras te dan todas las bendiciones y consejos que creen convenientes. No se olvidan las despedidas de nadie: hermana, primos, tíos… aquellos amigos sinceros que te miran con cara de asustados cuando dices que te vas a Colombia; un país del que al fin y al cabo solo han oído hablar por las noticias sobre drogas y guerrilla, mostrando ese miedo que resulta cuando menos contagioso.

Así que los últimos meses los pasé cerrando papeleos, mudando cosas, despidiéndome de todo el que pude… y sin saber cómo tras semanas en que todo sucede corriendo, pasaba el control del aeropuerto y me veía levantando la mano para despedirme de mi familia que sonreía (o lo intentaba) al otro lado; qué nudo en la garganta, me iba como tantas otras veces, pero esta vez no sabía cuando iba a poder volver, ahora era yo quien pedía teléfonos de alguien en Colombia, se me venían a la cabeza todos mis amigos, mi gente, los olivares de mi tierra y ¿por qué no? el jamón y la tortilla de patatas que aparecían como flotando en una nube de corazones cual película de mal gusto americana, hasta llegué a pensar en descargarme la canción del emigrante de Juanito Valderrama… pero por suerte esos momentos pasan.

Como cualquier experiencia podemos sacar lo mejor o lo peor de ella, en mi caso, intentaré aprovechar esta oportunidad para mejorar laboralmente y aprender, y ya de paso mostrar en fotografías las maravillas de este país, del que comentan que alberga el mayor número de plantas y orquídeas del mundo, así como una enorme cantidad de especies animales; país de mar y montaña donde poder disfrutar de la naturaleza y las gentes.

A todo el que deba seguir los pasos hacía otro país, quiero animarlo a que lo haga, los comienzos siempre son duros, pero al final merece la pena. A los demás aquí espero a todo el que quiera hacer una visita al Nuevo Mundo…

Un comentario en “Emigrar a Colombia

  1. Acabo de leer esta entrada (que, por otra parte, promete mucho fotográficamente) y he sentido una mezcla de pena, miedo, nostalgia y alegría. Pena, por el hecho de que la situación esté tan mal que os obligue a iros. Miedo, por no saber cuándo volveréis… a vuestra edad, y ya casados, las parejas tienden a asentarse; a dejar de tener una casa para decidir tener un hogar. Y me da miedo de que tu hogar empiece a ser Colombia. Me gustaría que te integraras allí, que tuvieras amigos allí y que fueras muy feliz allí, pero no a costa de empezar a sentir que, ahora, los extraños somos nosotros. Nostalgia, porque probablemente la época en la que los dos estuvisteis por aquí fuera una de las más alegres de mi vida… despreocupados, estudiando (al menos nosotros, porque el carrozón de tu esposo –ejem, ejem– era otra cosa), con Rodrigo y con una fiesta fin de semana sí, fin de semana también. Y, alegría, porque sé que os habéis ido para ser felices y para labraros un futuro, como profesionales y como pareja. Si lo conseguís, me daré por satisfecho. Un abrazo.

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